Aquella noche hacían cola los sueños, queriendo ser soñados, pero Helena no podia soñarlos a todos, no había manera. Uno de los sueños, desconocido, se recomendaba:
- Sueñeme, que le conviene. Sueñeme, que le va a gustar.
Hacian la cola unos cuantos sueños nuevos, jamás soñados, pero Helena reconocía al sueño bobo, que siempre volvia, ese pesado, y a otros sueños cómicos o sombríos que eran viejos conocidos de sus noches de mucho volar.
Eduardo Galeano, el libro de los abrazos.
10/17/2007
Los sueños de Helena
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eu
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11:44 a. m.
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